Échate una cascarita cara a cara con los dioses

El juego de pelota está vivo y aquí puedes aprender a practicarlo.
Mayte Baena
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21.08.2018
Tiempo aproximado de lectura: 1 minuto 20 segundos

¿QUIÉN DIJO QUE con tanta modernidad no se puede llamar a los dioses con el sonido de un caracol? Así empieza este entrenamiento de Ulamaliztli o Ulama, para los cuates, el juego de pelota que en la época prehispánica se realizaba por actividad física, recreación y honra a lo que somos y nos rodea.

En pleno 2018 hay quienes se han puesto como objetivo rescatar este deporte, que lejos de ser un entretenimiento, es todo un ritual.

Visité el lugar donde lo preservan y a continuación te platico lo que me encontré.

Rituales prehispánicos

En la Ciudad de México se realizan actividades de preservación de tradiciones prehispánicas.

La desconquista 

Llegué a la Fábrica de Artes y Oficios (Faro) Poniente Xochikalli, en la delegación Azcapotzalco en la Ciudad de México, donde me encontré con Emmanuel Kakalot, uno de los preservadores del Ulama y a quien se le considera el guardián del Tlaxko, es decir, la cancha en la que se practica el juego de pelota.

La idea fundamental de este recinto es “desconquistarnos” de lo que alguna vez nos enseñaron los españoles… al menos al estar en el interior del mismo, pues ya afuera del Tlaxko el uso del celular y las redes sociales son un must.

“Varios calpullis (clanes aztecas) nos reunimos para rescatar esta actividad. Yo me bajo del mío y me vengo a trabajar directamente aquí para llevar a cabo los primeros entrenamientos en la primera escuela de cultura mesoamericana que hay en la Ciudad de México. Ya dejamos de llamarle conquista porque no nos conquistaron, nos invadieron y ahorita lo que estamos haciendo es desinvadirnos completamente. De los 32 estados, ya van 16 que tienen equipo masculino y equipo femenino de Ulama y ya se está organizando el tercer torneo nacional de juego de pelota mesoamericano. Es algo histórico”, me relata Emmanuel cuando le pregunto los motivos de su actividad, al tiempo que abraza su caracol como si fuera su mejor amigo.

Para ser honesta, esperaba ver sólo un par de personas practicando Ulama. Gran sorpresa me llevé al notar que, conforme el tiempo transcurría, los equipos empezaban a conformarse. Hombres cuyas edades oscilan entre los 23 y 54 años y una mujer de apenas 22 dejaban de lado los “lujos” para desprenderse de sus prendas y portar el maxtatl, el tradicional taparrabo mexica, y preparar las caderas para recibir unos cuantos golpes.

Juego de pelota

Emmanuel Kakalot, uno de los preservadores del Ulama, hace sonar el caracol con el que se da inicio al ancestral juego. / MAYTE BAENA/PERIPLO

El llamado a los dioses

El caracol suena, todos agradecen e invocan a la fortuna. La pelota comienza a rebotar. El esférico de hule elegido en esta ocasión es uno de los más ligeros: pesa apenas dos kilos 800 gramos; a un lado queda el que llega a pesar casi cuatro kilos, parece ser sólo un partido amistoso.

Ánimo entre los equipos y varios lamentos a consecuencia de los golpes son los que se escuchan al caer la tarde. Los jóvenes comienzan a practicar un deporte tan milenario que de inmediato te transporta al Estado Mexica antes de la llegada de Hernán Cortés.

Karen

Karen, según su nombre en castellano, tiene 22 años y es orgullosa practicante y entrenadora de Ulama.

 

La única mujer

Karen, cuyo nombre en náhuatl es Cuicakoatl Yaotezcatlalli, toma un descanso del entrenamiento para explicarme que, a pesar de su corta edad, ya ha formado cuatro equipos de mujeres y es ella quien las entrena.

“Aquí llevo un año y medio, yo trabajo en un grupo de danza y se me destinó a hacer un grupo femenil que representara a Teotihuacán; entonces empecé a entrenar con un grupo varonil en la Ciudad de México y me llevé el conocimiento para impartirlo con mujeres allá. Formé un equipo conformado por siete mujeres y aquí en esta escuela soy la única mujer que da clases, pero es bonito porque al ser la única del género, más mujeres se acercan para tomar clases. El rescate de este deporte es muy importante y más porque si somos mujeres de este país, es mejor. Como mexicana me deja mucha satisfacción”, me comenta orgullosa y a la vez tan amable que estuve a nada de pedirle que me inscribiera en su equipo.

En ella, los golpes causados por la pelota son visibles en la pierna izquierda y en ese lado de la cadera. “Toca”, me invita y la alta temperatura en esa zona de su cuerpo me obliga a quitar la mano casi de inmediato, no quiero causarle más dolor del que ya debe sentir.

Al poco tiempo, Mario, uno de los jóvenes que lleva escasos dos meses entrenando, se queja de varios calambres en las piernas y cadera. Es inevitable ver los enormes hematomas que tiene en la zona. “He tenido peores, esto no es nada”, sentencia con el afán de tranquilizarme.

Al observar detenidamente el juego me impresiona que los millennials interactúan con los de la Generación X y juntos logran que los de la Generación Z se emocionen más de practicar un juego prehispánico que echarse una cascarita de Fut 7.

Práctica del juego de pelota

Practicar Ulama no sólo requiere de buena condición física, sino de gusto por los conocimientos filosóficos y de la historia de nuestro país. / MAYTE BAENA/PERIPLO

Juego con el Sol

Por suerte, los puntos cuentan hasta que es un partido formal; en esta ocasión no lo es porque el terreno y el horario no nos favorecen. El Ulama se juega con el Sol, representado por la pelota, quien va marcando cuando algún equipo marca “raya” o  “eclipse”, es decir, el momento en el que el esférico atraviesa uno de los dos aros… algo así como un gol o una canasta.

Esto es el juego de pelota.

Una honra a nuestras raíces y a los dioses no está presente sólo durante esta actividad, pues para poder ser parte del grupo, la filosofía y la historia son tan vitales como el calentamiento previo, cosa que ocurre una hora antes de iniciar el juego.

Si buscas un deporte que no sólo ejercite tu cuerpo, sino también tu mente, acércate a este grupo de personas que, de paso, te ayudarán a recordar tus clases de historia.

¿Dónde puedo practicarlo?

Acude a la Fábrica de Artes y Oficios (Faro) Poniente Xochikalli, ubicado en Calle Cananea s/n, Azcapotzalco, frente al Metrobús Rosario y a un costado del Metro Rosario. También puedes llamar a los teléfonos: 55 4508 5818 y 55 4082 4974.
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