Esto nos pasó en la Casa del Diablo… pero no queríamos hablar de ello

Esta historia no está basada en un hecho real, es un hecho real, y no podemos guardárnosla más...
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Experience Maker
01.09.2018

Esta historia no está basada en un hecho real… es un hecho real. Algo nos pasó en la Casa del Diablo, pero no habíamos querido hablar de ello… hasta hoy.
Al llevar a cabo la edición del video para la nota que publicamos a principios de agosto pasado, encontramos algo que nos perturbó. Especialmente, porque quienes acudimos al lugar para obtener información, juramos que no había nada.
Nada como lo que el video nos mostró y que se había ocultado ante nuestros ojos: algo de distintos tamaños y con una velocidad sorprendente se cruzó varias veces frente a nuestras cámaras; se acercaba y se alejaba; subía y bajaba haciendo movimientos que apenas se pueden seguir con la mirada; salía y entraba del salón principal, y se perdía en la oscuridad interior.

El desconcierto

Lo revisamos una y otra vez. A velocidad normal y en cámara lenta. En varias pantallas y con diversos programas. En algún momento pensamos que el video se había dañado, pero luego concluimos que eso que veíamos no podía ser producto de un defecto de grabación.
Aquel día, habíamos llegado a la desconcertante casa de San Luis Tehuiloyocan, Puebla, después de las 3 de la tarde. A pesar de la hora, el sol caía a plomo y el ambiente era completamente seco.
Arturo López, Director Editorial de Periplo, y yo pasamos cerca de una hora en el sitio. Hablamos con la responsable de lo que oficialmente se conoce como biblioteca Amoxcalli, pero que investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han calificado como la Casa del Diablo o la Guarida del Diablo.

Un par de señales

Todo transcurrió en calma. Recorrimos la casa por dentro y por fuera. Nada raro nos llamó la atención, más allá de los poderosos mensajes y símbolos que ésta alberga y, obviamente, su valor histórico y cultural.
Excepto por un par de señales: al salir, Arturo sintió un muy fuerte dolor de cabeza. Asumimos que había sido la exposición al sol y algún grado de deshidratación. Compramos algo de beber y un par de aspirinas. Mientras tanto, yo me sentía intranquilo, observado, con ganas de salir de ahí lo antes posible.
Al dejar la comunidad, me olvidé de aquella extraña sensación y Arturo se sintió mejor. Di por hecho que se había tomado las pastillas. La sorpresa me la llevé días después, cuando al editar el video, me contó que no lo había hecho así; que el dolor de cabeza había desaparecido tan pronto como habíamos salido del lugar, igual que mi intranquilidad.
Ninguno de los dos entendimos qué había ocurrido.

Las explicaciones

En Periplo, hemos dado varias vueltas al asunto tratando de comprender qué es eso que se ve en el video que se mueve de forma tan vertiginosa, que se nos acerca y se aleja y que en ningún momento vimos con nuestros propios ojos.
¿Un insecto? ¿Polvo? ¿Efectos de la luz?
Deseamos creer que se trató de insectos, pero ¿qué insecto es capaz de subir, bajar, ir y venir, a tal velocidad? ¿qué insecto es tan pequeño para no ser visto por el ojo humano, pero sí por la lente de una cámara? ¿qué insecto puede vivir en colonias tan numerosas y pasar desapercibido?
Saca tus propias conclusiones; aquí el video de aquella tarde:

Ésta es la grabación original de la fachada de la Casa del Diablo. Hemos resaltado «eso» que se mueve y que no vimos mientras estábamos ahí. / PERIPLO

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