Los peludos merecen su calaverita porque ellos también nos visitan el Día de Muertos

Kalacanes y Kalacatos hace un homenaje a tus seres queridos de cuatro patas.
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05.10.2018
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EL DÍA DE MUERTOS es una fecha que a los mexicanos nos gusta mucho, y es que la forma en que le rendimos culto a la muerte es tan especial que a nivel mundial nos reconocen por esta razón.

Es más, son muy pocos los hogares en donde cada noviembre falta la tradicional ofrenda, ese altar que tiene como finalidad alimentar a las ánimas que nos visitan y, claro está, ninguna se encuentra completa hasta que las calaveritas de azúcar son colocadas con el nombre de nuestros fieles difuntos.

calaveras de azúcar

Sin embargo, existe un artista plástico que sintió que algo le hacía falta al altar, razón por la cual tomó una de las tradiciones más arraigadas para incluir a los que ya no forman parte del mundo terrenal: las mascotas. Así nació Kalacanes y Kalacatos. 

Una caminata por el Centro Histórico de la Ciudad de México, en compañía de Guillermo Heredia y sus tres mascotas, me permitió conocer cómo es que desarrolló esta idea y seguro te va a encantar:

“Mi esposa siente que yo puedo hacer cualquier tipo de cosa. Entonces ella me dijo que por qué no hacíamos calaveritas de perros y gatos y se me hizo muy buena idea. El asunto es que nunca había hecho calaveras de azúcar, así que aprendí vía internet a hacerlas y resulta que, en teoría, es muy fácil: mezclas el agua, el azúcar, un poco de limón, lo calientas, lo vacías en tu molde de barro, esperas a que seque y tienes tu calaverita. El problema fue que no tenía ese molde de barro.”

Esto me lo cuenta mientras esperamos que el café esté listo para empezar con el proceso de producción.

Cuando partes desde cero 

Resulta que en Toluca, en el Estado de México, los artesanos dedicados a no dejar morir esta tradición compran moldes de barro para producir las calaveritas de azúcar que solemos comprar en el mercado para nuestra ofrenda.

El problema es que esos moldes son de cráneos humanos, pues a nadie se le había ocurrido antes incluir a perros y gatos en el altar de muertos.

“El primer paso fue hacer una pieza original de plastilina de la calaverita de azúcar. Posteriormente, de esa pieza saqué un molde de yeso y de ése saqué un contramolde para poder sacar los moldes de barro y llevarlos a cocer.”

Periplo.mx

 

A pesar de dedicarse a las artes plásticas, Memo me aclaró que para poder tener los primeros moldes tuvieron que pasar nueve meses de prueba y error.

“Yo nunca en mi vida había trabajado con barro. Ahora ya te puedo decir que para moldear es muy bueno el de Oaxaca y para sacar moldes es muy bueno el de Tlayacapan, Morelos. Este tipo de cosas son las que he estado aprendiendo”.

El proceso paso a paso

Con los moldes ya listos, es el turno de varios kilos de azúcar para entender cómo es que el resultado es un craneo perfectamente blanco y no caramelo, justo como el que comemos en los flanes.

“En teoría, la parte de la cocina es lo fácil, porque todo mundo te dice cómo es la mezcla, pero nadie te dice ni cantidades, ni temperatura, ni tiempo. Luego de 30 kilos de azúcar desperdiciados, aprendimos cuál es la fórmula que nos permitió ver las primeras calaveritas. Así empezamos.”  

Como no me quería quedar con las ganas de conocer cómo es que este dulce tradicional se elabora, Guillermo me invitó hasta la cocina, en donde vi listos los cazos de cobre, el termómetro, un poco de agua, un limón partido y mucha azúcar lista para entrar en acción. 

Antes de comenzar, Guillermo me especificó que no hay una receta infalible que nos garantice cierto número de calaveritas, por lo que me advirtió que debía ser paciente, ya que la humedad, la cantidad exacta de agua y la temperatura adecuada son clave para lograr nuestro objetivo.

 -¿Forzosamente tiene que ser un cazo de cobre? 

– Hay cuestiones que no he experimentado lo suficiente. Lo hice en otras superficies y te puedo decir que el cazo de cobre calienta de manera más rápida y más homogénea y es lo que he notado diferente. 

Cuando el cazo está listo para usarse, Guillermo coloca una buena cantidad de azúcar y, como dirían las abuelitas, a ojo de buen cubero añade agua. Noté que aún no encendía la flama ni empezaba a mezclar los ingredientes. Justo en ese momento me di cuenta que si yo hubiera querido hacer unas cuantas en mi casa, al primer intento habría abortado la misión.

Los ingredientes se mezclan, el cazo ya se calienta y la magia empieza.

“Tenemos nuestra mezcla y le vamos a echar un poquito de limón. Esta parte fue muy interesante para mí, porque veía que todos decían que era necesario un chorrito de limón. Los que daban la receta decían que era porque daba un poco de sabor, pero creo que los ácidos del limón hacen una reacción con los cristales del azúcar, mas no es porque le dé sabor. Una calaverita no te sabe a limón, entonces es un proceso químico.”

Gran sorpresa me llevé cuando me dijo que este punto nos llevaría cerca de 15 minutos, por lo que los moldes de barro ya nos esperaban limpios para verter la mezcla y esperar de 3 a 5 minutos para que fuera secando.

Como el barro comenzó a absorber el agua de la mezcla, Guillermo tuvo un instante para poder expandirla y lograr que nuestra calaverita no quedara deforme. Bastaron otros minutos para poder desmoldar y, ahora sí, dejar que la temperatura ambiente terminara de secar esta artesanía que a la vez es un dulce.

Periplo.mx

 

Luego de varios intentos y una que otra decepción, las primeras piezas del día estuvieron listas para desmoldarse y decorarse.

-¿Por qué optar por calaveritas de perros y gatos y no los tradicionales de humano?

– Darle la vuelta a una tradición y entender más este concepto de la compasión por los animales y la situación de verlos como parte de la familia fue lo que me llamó muchísimo la atención. ¿Será posible que alguien pueda poner su granito de arena en una tradición tan establecida? Es el reto que tuve y después decir que en una ofrenda ya se tome en cuenta el poner a perros y gatitos. 

Dante Coco Pixar

 

Más azúcar, colores vegetales, papel estaño y un par de lentejuelas es lo que termina de darle forma a la calaverita más bella que haya podido ver. Por suerte eso no fue todo, pues una vez terminada, es el turno de colocarla en un altar de cartón acompañado de papel crepé que simula un par de flores de cempasúchil y, si es que el cliente lo prefiere, colocar en la parte trasera la foto de su mascota.

“No sé si sea diseño, no sé si sea arte, no sé si sea artesanía, pero al final de cuentas es una calaverita de azúcar hecha con el método tradicional. La calavera de azúcar es la única parte de la ofenda que no es para el muerto. Yo le llamo ‘la antropofagia amorosa’, nos comemos a nosotros mismos en forma de calavera. Es uno de los actos más mágicos que tiene la tradición mexicana: comer la calavera con tu nombre. Es una muerte dulce.”

¡Yo quiero una!

Antes de que empieces a sacar los fajos de billetes, te aclaro que si quieres una de estas piezas para tu ofrenda, no pueden ser personalizadas, pues la idea es representar un cráneo y no su aspecto. No obstante, Guillermo puede hacerle las orejas lo más parecido a como las tenía tu mascota y entonces ya podrás sentir que sigue contigo de una manera más dulce.

Aquí algunos ejemplos de las que puedes adquirir:

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¿Cómo lo consigo?

Como la venta es sólo en línea, checa sus redes sociales y ponte en contacto con Memo o Levi, su asistente para que tu ofrenda esté competa. Aquí los puedes encontrar: Facebook e Instagram.

Cada pieza tiene un costo de $180 y, si compras más de cinco, entonces el precio por unidad será de $130. 

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